LA CIENCIA EN MI VIDA. DE CÓMO
ME CONVERTÍ EN UN OBSERVADOR IMPERTÉRRITO
TRABAJO FINAL DEL CURSO PENSAMIENTO CIENTIFICO
MI HISTORIA
Desde muy pequeño he sido inquieto, más en la mente que con
el cuerpo. He sido observador, y
recordando fragmentos de mi niñez, nunca di problemas, porque parecía
ensimismado en mis pensamientos, y lo que yo creo recordar, eran las
observaciones de mi entorno.
Lo era porque desde pequeño fui asustadizo, y algo que me
parecía terrorífico era escuchar a mi papá gritar, porque él aprendió con
gritos, y aplicó lo mismo a su hijo mayor.
Para mi padre fui el cobaya del
aprendizaje de cómo ser papá… Yo prefería hacer caso y no llamar la atención de
mi papá, y tal vez por esa era, ante todo, observador…
Ya mayor, aplicando el mismo precepto, fui apodado “El
Búho”, porque no decía nada pero ponía mucho cuidado… como el búho cuando
acecha…
Precisamente por esa tendencia a observar mucho y actuar
poco, siempre me encuentro ante la dificultad de emprender una tarea,
simplemente por falta de costumbre. Es un punto que he tenido que ir superando
poco a poco, con el problema consecuente de tener que superar la edad que ya
tengo para hacerlo, lo que lo hace más difícil.
Pero siempre he tenido una procaz tendencia a observar y a
intentar entender el porqué de las cosas… desde el funcionamiento de un
dispositivo, hasta el comportamiento de las personas y las causas de los
atascos viales.
Eso me permitió entender curiosidades matemáticas, descifrar
teoremas, predecir respuestas de personas o dañar la tarde de cine cuando decía
cómo sería el final de la película… sin saberlo de antemano.
Una de las cuestiones que me gusta analizar, luego de
observarla durante mucho tiempo, es la veracidad de la información
periodística, lo que me permite afirmar que la información de los medios
masivos de comunicación hay que “tomarla con pinzas”, pues no es absolutamente
objetiva, sino que depende de los intereses del medio, de la comunidad o del
país nacional (término muy empleado por el inmolado ex-candidato presidencial
colombiano Álvaro Gómez Hurtado).
PARA QUE SER
OBSERVADOR DE LAS NOTICIAS
Surge la pregunta: ¿Por qué me interesa saber si la
información es veraz? Porque considero
que la verdad debería ser perseguida por todos, aunque, como ya vimos en el curso,
cada uno tiene su pedacito de verdad.
Pero considero que la verdad debería ser informada lo mejor posible, y
cada quien se puede construir su interpretación de la misma como si de un
rompecabezas se tratara, cuadrando versión por versión para tener la mejor
versión posible de la verdad, la que más nos llene.
No obstante este loable propósito, creo que al pueblo en
general no le interesa conocer la verdad, y solo se queda con la versión
“oficial” o la versión “más acorde” a los intereses del gobierno, los medios o
la comunidad, sin importar que tan alejada de la realidad sean cada una de esas
versiones. Los espacios noticiosos son
fichas en un ajedrez por el rating, especialmente en los medios televisivos y
radiales.
En el campo del periodismo escrito, aunque hay espacio para
el análisis, en ocasiones no es suficiente para ganar en profundidad en el
mismo debido a la limitación de espacio, y también está arropado por la
posición editorial del medio, que puede darle un énfasis especial a cada una de
las noticias.
La irrupción del internet se caracterizó primero para los
medios nuevos, que nacieron por miles, pero que luego de la efervescencia dejó
a los verdaderamente preparados o innovadores en la lista de medios. Luego, y a velocidades vertiginosas, el
internet fue el espacio para la ubicuidad de los medios locales y nacionales
para ser accesibles en cualquier lugar del mundo. No obstante, fue necesario encontrar la forma
de comunicar adecuadamente las noticias en el nuevo medio, pues los internautas
no quieren leer tratados sino el resumen de la noticia.
Este nuevo medio permitió, entre otras cosas, una nueva
tendencia en la comunicación, que es leer las noticias de otros medios, en
ocasiones sin dar el crédito respectivo, o lo que en muchos ámbitos se conoce
como el popular “copiar y pegar”, y que permite que muchos aprendices,
locutores y hasta periodistas, se limiten a leer lo que otros medios
transmiten, sin ni siquiera ir a las fuentes ni confirmar ni contrastar la
información.
Esto, que es requerir a la inmediatez sin analizar, y que es
peligrosísimo, ha causado que muchos medios tengan que rectificar
informaciones, cuando no era lo que generalmente hacían, pues contaban con
equipos investigativos realmente ejemplares.
La otra gran perjudicada de esta nueva moda de inmediatez es
la crónica periodística, que en épocas pretéritas permitió tener a verdaderos
literatos en el periodismo, cuando no existía la carrera profesional de
periodista, todos los aprendices de escritores pasaban por las redacciones de
los periódicos especialmente, porque no había opción diferente, y los
periodistas-literatos, se formaban haciendo crónicas que después podían ser
editadas como libros; uno muy buen
ejemplo es lo que ocurrió en Colombia con el libro Relato de un Náufrago, que
apareció en las páginas del diario colombiano El Espectador en entregas
diarias, escrito por el Nobel Colombiano Gabriel García Márquez, cuando todavía
no era escritor y fungía como periodista, a mediados del siglo XX.
Esos tiempos son pasados… ahora prima la inmediatez, inclusive
en la radio, la televisión y hasta en la prensa escrita, pues se basan muchas
veces en sus portales web para editar la información que aparecerá en el
escrito.
CASO DE ESTUDIO
Y aquí es dónde quiero exponer un caso que se presentó en
Colombia con varios medios de comunicación hablados, escritos y televisivos que
crecieron una media verdad que sólo fue develada cuando alguien ajeno a los
medios, hizo la investigación que tantos periodistas deberían haber realizado
antes de publicar.
El caso es el del Doctor Raul G. Cuero Rengifo, un
investigador colombiano, PhD en Microbiología y con algunas patentes por
inventos, así como algunas publicaciones de artículos en publicaciones
científicas. Hasta ahí, todo va bien…
El problema surge cuando algunos periodistas y medios de
comunicación prestigiosos en Colombia cayeron en la trampa de exageraciones,
como decir que sus patentes eran 13, aunque solo 2 han sido realmente
reconocidas, y que en su hoja de vida, en su sitio web, aparecen 91
publicaciones de artículos, cuando solo 24 han pasado por el riguroso examen de
revistas científicas reconocidas en el mundo.
Lo curioso es que ningún periodista de los diferentes medios
(Periódicos como El Tiempo, El Espectador, El Pais, Canales de televisión como
RCN y Caracol, emisorias radiales como Caracol, RCN, La FM, La W, etc.) tuvo el
rigor periodístico para contrastar la información dada por el Dr Cuero, y tuvo
que ser otro científico colombiano, sin la rimbombancia del Dr. Cuero, pero con
una respetable carrera en la academia y la investigación colombiana el
encargado de precisar y, de paso, bajar del pedestal en que los medios pusieron
al Dr. Cuero, tal vez por su historia de vida, y por llegar a trabajar en
algunos proyectos para la NASA.
La historia del Dr. Cuero es de lucha y de superación
constante. Nacido en Buenaventura, hijo
de dos afrodescendientes analfabetas, el padre, carguero en el muelle de
Buenaventura (principal puerto colombiano sobre el océano Pacífico), y su
madre, lavandera de ropas de familias acomodadas en el puerto. En una entrevista a la
columnista María Isabel Rueda, en el periódico El Tiempo, el científico
colombiano destaca que la observación científica le permitió pensar que podría
cambiar su realidad de pobreza y desesperanza, y que el estudio vino de la mano
del deporte, específicamente del baloncesto, del que fue uno de los mejores
jugadores en su época, hasta ser Selección Colombia, y ganarse una beca para
estudiar medicina en la Universidad del Valle, de manera “Para salir de la
pobreza de mi pueblo tenía que escoger entre ser un buen deportista o un buen
estudiante. Yo escogí las dos”.
La escogencia del Dr. Cuero lo llevaron a convertirse en PhD
en microbiología de la Universidad de Strathclyde, siendo un paradigma del
camino a seguir para superarse, un ejemplo para la gran cantidad de colombianos
que nacen en la pobreza y en la falta de oportunidades.
No obstante, al parecer, y como si fuera el caso de un
ególatra, exageró
en algunas de sus distinciones, pues encontró en la creación de parques de
Ciencia y Tecnología la posibilidad de recoger fondos, y su dilatada hoja de
vida sirvió como gancho para recoger los dineros de diversos orígenes para
poner a pensar a los jóvenes y buscar el aprovechamiento de su creatividad, tan
común en una tierra en dónde la solución de los problemas en ocasiones es tan
curiosa como el Realismo Mágico que inventó García Márquez con su literatura.
El Dr. Cuero fue objeto de homenajes por parte de la
Gobernación del Valle del Cauca, la región que lo vio nacer, a ser invitado del
Campus Party Colombia, el máximo evento de creatividad en torno a la
informática que reúne a profesionales y, sobre todo, a estudiantes que han
encontrado en la innovación tecnológica la forma de plantearse un futuro
brillante y diferente, a ser casi que una figura que representa el paradigma
del estudio y del esfuerzo para lograr pasar de “Buenaventura a la NASA”, como
se titula una de sus dos autobiografías, aunque, como se ve y cómo él mismo lo
reconoce, él no perteneció a la NASA sino que hizo algunos trabajos para la
agencia aeroespacial norteamericana, lo que le valió un reconocimiento
consignado en un pergamino y en un valor económico… pero sólo lo hizo cuando se
desató el escándalo…
El asunto es que entre 2011 y 2013, el Dr. Cuero tuvo gran
protagonismo mediático en Colombia, porque dineros públicos fueron a parar a
sus afamados parques, aunque éstos solo fueran unas casas en Bucaramanga,
Manizales y Bogotá, en dónde se reunían jóvenes y brillantes estudiantes de
bachillerato y de universidad a explorar los límites de su creatividad, pero
sin saber cuál sería el verdadero objetivo de sus descubrimientos.
El
detonante del escándalo fue la entrevista a la columnista María Isabel Rueda,
fechada el 21 de octubre, en dónde la periodista inquirió: “Una
pregunta final: ¿aspira algún día a ganarse un Premio Nobel con sus inventos?”… a lo que el Dr. Cuero contestó
“Nunca
aspiro a premios o reconocimientos porque yo creo en los procesos, y cuando uno
cree en los procesos, los resultados son un accidente. El gozo está en el
proceso y no en el resultado. Galileo y Mendeleiev (creador de la tabla
periódica) nunca ganaron un Premio Nobel, y para mí han sido grandes
científicos. Creo que un reconocimiento nunca puede descifrar o compensar el
proceso intenso de una persona”.
Esta pregunta y la respuesta, si se quiere, comparativa con
dos de los más famosos científicos del mundo moderno, lo que denota una falsa
modestia, exacerbó los ánimos del Dr. Rodrigo Bernal, Dr. En Ciencias del
Instituto de Biología de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, quien un año
atrás había comenzado a contrastar la información del sitio web del Dr. Cuero,
y de las múltiples entrevistas concedidas por el científico de Buenaventura, y
había encontrado gran cantidad de imprecisiones, que le quitaban brillo a la
trayectoria de un científico con demasiada prensa para menos logros que los
obtenidos por otros…
El Dr. Bernal publicó entonces un artículo, fechado el 24 de
octubre del 2013, con el nombre de Los
dudosos honores del científico colombiano Raúl Cuero, en el que consigna
dichas imprecisiones, afirmando que
“El
precario estado de la ciencia en Colombia y la pobre percepción que de ella
tiene la sociedad se han puesto en evidencia en los últimos años, con el
endiosamiento que los medios de todo el país han hecho del científico
colombiano Raúl Cuero. Numerosos periodistas han escrito
impresionantes panegíricos sobre este científico, sin el menor espíritu crítico
y sin verificar fuentes, basados únicamente en la información suministrada por
él mismo. Lo cual no sería problema si esa información fuera exacta. Pero no lo
es.”
“La primera vez que oí mencionar a Raúl Cuero fue en un artículo de
prensa en el que hablaban de sus innumerables logros científicos.
Lleno de orgullo nacional corrí a buscar en Google para conocer más sobre ese
compatriota genial, que dejaba tan en alto el nombre de Colombia. Fue así como
llegué a su propia página de internet (www.raulcuerobiotech.com).
Pero a medida que la examinaba en detalle, empecé a descubrir, con profunda
frustración, que los logros científicos de Cuero
son mucho menos grandiosos de lo que se nos ha hecho creer; que se ha
construido de él una imagen gloriosa, enriquecida con mentiras, verdades a
medias y distorsiones, que no resisten un análisis minucioso.”
Y continuó el Dr. Bernal enumerando todos esos errores, que
ninguno de los incautos periodistas de tantos medios se atrevió a contrastar
haciendo una simple averiguación en Internet, partiendo de Google, para darse
cuenta y haber hecho las preguntas que hubiesen evitado el “endiosamiento” al
que se refiere el mismo Dr. Bernal.
La respuesta del Dr. Cuero comenzó el mismo día en una
entrevista el mismo periódico El Espectador titulada No
he sido deshonesto y continuó con entrevistas radiales en las que salieron
los dos investigadores colombianos al aire y con la controversia encendida, en
la que cronistas como Guillermo Larrota, conocido como Pirry, quien tiene un
programa semanal en el Canal RCN, reconocieron que le creyeron al Dr. Cuero y
que en el programa que le hicieron, fueron a la sede de la NASA y se dieron
cuenta que allí lo conocían pero no preguntaron si efectivamente hacía parte
del grupo de científicos que trabajan para la agencia espacial norteamericana…
Pirry, por tanto, se sintió engañado y lo consignó en la entrevista al mismo El
Espectador, denominada Pirry
se defiende por críticas en caso “Raúl Cuero”…
El 26 de octubre, la columnista María Isabel Rueda, en
defensa del Dr. Cuero, publicó una columna titulada ¿Por
negro, por pobre o por exitoso?, en la que descalificó el artículo que
desenmascaró al Dr. Cuero, y ataca fuertemente al Dr. Bernal, tildándolo de
calumnioso, e injurioso por criticar al Dr. Cuero, cuando el Dr. Bernal adujó
que ante todo criticaba a los periodistas poco estrictos con la información con
la que trabajan.
Como un adelanto de conclusión, el mismo periódico El
Espectador cerró el mismo 24 de octubre con un artículo titulado Verdad
y mentira en la ciencia, en la que se dice “El caso del científico Raúl Cuero plantea muchas preguntas sobre la
validez y verificación de información en ciencia y periodismo en Colombia”.
CONCLUSION
¿De quién fue el error?
¿Sólo del Dr. Cuero por enumerar todos sus artículos como si fueran
logros científicos, sus reconocimientos de la NASA por haber participado en
proyectos de la agencia como si fuera un científico adscrito a la NASA, y de
hacer ver que sus Parques de Ciencia y Tecnología eran el último adelanto de la
ciencia colombiana, o también de la gran cantidad de periodistas colombianos
que fueron poco rigurosos con la información con la escribieron sus reseñas…?
Para mi, y como gran conclusión, la verdad es mucho más
amplia, y sólo les interesó mostrar una parte, tanto al Dr. Cuero, como a los
periodistas, motivados por diversos motivos, por dinero, facilismo o
comodidad. Lo grave del asunto es que,
para los medios colombianos, este caso demostró que cuentan con un bajo nivel
de rigor para asegurar la validez de lo que les dicen sus fuentes, bien sea los
personajes a quienes entrevistan, o las personas que les cuentan historias para
beneficiar a una persona, una entidad, un gobierno, etc. El caso fue una lección de lo que no deben hacer
los periodistas, sobre todo de los medios masivos de información, pues en el
caso de otros medios, con filtros exhaustivos a la hora de publicar, como es el
caso de las Revistas Semana o Cambio, sus investigaciones han sido tan
contundentes que han sido las responsables de destapar muchas de las ollas
podridas de la bella patria colombiana.